Con el derecho siempre
procuro mirar para otro lado porque el izquierdo me obliga a mirar al frente.
Con la derecha siempre intento parar el golpe mientras la izquierda me dice que
le devuelva una caricia. La parte de derecha de mi pecho, sin alma, me pide un
final apoteósico, la izquierda, todo corazón, me suplica otros mil segundos de
perdón. Al final, siempre ganan los prejuicios y pierden los buenismos. La vida
es acción y los pies, sobre la barandilla, lo corroboran. La parte izquierda de
mi cerebro me pide seguir ¿Seguir sufriendo? Pregunta la derecha. Con un salto,
me asegura, todo habrá terminado para siempre. Incluso las disyuntivas.
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Hace 1 semana