lunes, 19 de mayo de 2025

Apenas queda un socavón junto al Manzanares

Hígado con destino a Houston y corazón con destino a Madrid. Dejé de beber por ella y me vine aquí, al calor del amor en un bar, mientras echaba de menos el sol de Texas en los días de lluvia y las tardes de rodeo mientras cientos de exaltados gritaban gol en el estadio anexo a mi casa. Tanta curiosidad me provocaron que un día me acerqué a comprobar el motivo de su alegría y no tardaron en contagiarme su sentimiento. Durante muchos años olvidé los rodeos y a los Texans y cambié el bufido y la pelota ovalada por un balón redondo y una bufanda roja y blanca. Allí, junto al río, una tribu de indios acampaban cada domingo y se volvían locos con rituales excesivos daba igual que ganasen o perdiesen. Ella terminó por dejarme, pero yo había encontrado mi casa. Por ello, el día que una máquina demoledora rompió el primer cristal, le dijo adiós a mi corazón y me compré un nuevo hígado para regresar a casa. Desde la distancia las penas son menores y el alcohol me ayudó a recuperar un olvido que jamás debí dejar guardado en el cajón de las promesas pendientes.

1 comentario:

commercial hvac dijo...

Ese cruce de paisajes entre Texas y el Manzanares tiene mucho encanto. Lo del contagio del fútbol en un estadio que tienes al lado pasa igual en muchos barrios de Madrid, uno no puede resistirse cuando el sonido llega tan de cerca.