El bueno de Juan se quedó anoche cuadrando los
balances. Siempre tan servicial, ni una mala cara pone por más que le chille a
la cara o le haga quedarse hasta tarde. Aún no ha llegado, es raro, siempre es
tan puntual. Bueno, le concederé diez minutos de cortesía. Hoy se los ha
ganado. Mientras voy a mirar el saldo de mis cuentas en Panamá, como cada
mañana. No puede ser. Están vacías, como la silla de Juan ¡Juan! ¿Alguien sabe
dónde está Juan?
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Hace 1 semana