jueves, 16 de julio de 2009

Muerto de risa

Desde pequeño ya había sido el gracioso de la clase, el típico chancero capaz de improvisar un chiste o una gracieta en la más inverosímil situación. Ligaba poco porque era tan feo como locuaz, pero andaba siempre con el pecho erguido y los brazos agarrados por las chicas más guapas del instituto. Donde iba Perico, allá iban todos, prestos a escuchar su ingenio y a dar rienda suelta a sus carcajadas.

Nada más empezar en la universidad cambió las clases por los escenarios. Su padre, más apegado a las costumbres que a las iniciativas, reprobó su talento y le escondió el saludo para siempre. Mientras iba ganando puestos en el escalafón del humor, iba dejando puertas cerradas tras de sí. Ya no era el feo gracioso sin padre y sin futuro sino un humorista de fama al que el país aplaudía en cada una de sus salidas de tono.

Pero como todas las modas que acechan el ánimo de lo inesperado, su capacidad para repetir su ingenio hasta la saciedad terminó por cansar y mientras él iba gastándose su fortuna en bares de carretera donde buscaba una chica que no le quisiese por sus chistes, sus contratos se iban diluyendo de tal manera que en apenas dos años pasó de los teatros más importantes a los más oscuros tugurios de su ciudad.

Hoy sigue riendo, se bebió todo el whisky que le quedaba tras sus actuaciones y ya ni las fulanas se atreven a mencionar su nombre. En un viejo manicomio de la ciudad siguen escuchándose los mismos chistes y las mismas carcajadas sin aplauso. Ya no hace reir a nadie más que así mismo y aún así, sigue intentando ingeniar momentos sabiendo que el que tiene genio y figura se lo lleva todo a la sepultura.

2 comentarios:

sagra dijo...

Jo, de primeras creia que te habias inspirado en paquirrin, pero no, es una historia más triste. Que mal final nene, que tristeza, en el manicomio. Pobrecito joer, y solo por contar chistes.
Besotesssss

Lili dijo...

Es curioso, como subiendo el peldaño tan alto que hay hasta llegar a la fama se adquiere poder, y que rapido se baja de un puntapié. Del todo a la nada, vida triste, pero ocurre en muchos casos