lunes, 16 de julio de 2012

Alimento para serpientes

La serpiente me quedó más gorda de lo previsto y tuve que idear un plan. En la casa no quedaba un ratón, pero fuera esperaba la rata más grande que había conocido. Mi mujer gritó, "¡Abre!", y yo tapé el doble fondo del armario. Abrí la puerta y allí estaba la rata con su gesto desagradable. La serpiente no podía moverse y yo necesitaba alimentarla. La invité a pasar y le enseñé el secreto del armario. Regresé al salón. Mi mujer preguntó, “¿Quién era?”. “Nadie”. Miró el reloj, eran las cinco. “Qué raro, mi madre dijo que vendría a tomar café”.

martes, 10 de julio de 2012

Tarde

La maleta junto a la puerta, el umbral sombrío bajo los pies, la media sonrisa ahuecada bajo la nariz, la lágrima perdida resbalando por la mejilla, el pelo alborotado, los pendientes de casada, el anillo de compromiso, el alma rota y el corazón cosido a retazos. Y a dos metros él, arrodillado, arrepentido, desolado, llorando, clamando, suplicando.
- Te quiero. - Le dijo, buscando en la frase imposible la baza desesperada.
- Tarde. - Contestó ella encontrando en la réplica la más dulce venganza.

Y entonces cerró la puerta, salió a la calle e hizo rodar la maleta en dirección a su casa, donde la esperaba su marido.

lunes, 2 de julio de 2012

¿Dónde están?

No les digo por donde saqué a la abuelita porque seguro que no reeditarán el cuento, ni les diré donde metí al abuelito porque descubrirán mi juego. Prefiero seguir esperando a que mi madre nos descubra y reunirlos otra vez a todos. Mi padre ya estuvo a punto pillarme, pero me dio tiempo a fastidiarle el plan. Salió de nuevo la abuelita y tuve que ayudar a salir al abuelito. Mi madre dejó de hacer trampas y mi padre se la siguió ligando. Volví a tocar la pared; “Por mí, por todos mis compañeros y por mí el primero”.

lunes, 18 de junio de 2012

Sobre el vacío

"Cómo Nicolas Cage en Leaving Las Vegas...". La voz de Amaral resonaba en los auriculares desprendidos del cuello. Llegaba lejana, como el cable que dejaba caer hacia el bolsillo, como el recuerdo que dejaba aflorar sobre el tejado. Para subir, solamente podía bajar. Había veinte metros de caída; suficiente distancia para romperse la crisma y olvidar todo el pasado. Olvidar los besos, las palabras y, sobre todo, las mentiras. Un día le dijo que moriría por ella y allí estaba él, abrazado al aire y con los pies sobre el último alféizar, para no dejarse llevar por la cobardía. Amaral terminaba su canción y los auriculares desprendían una frase que resonó en su conciencia. "Moriría por vos...". Justo entonces fue consciente de que algunas veces, las promesas también se cumplen.

miércoles, 6 de junio de 2012

El titiritero

Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito, la tela y aquellos diminutos cuerpos que bailaban al son de una vieja canción. Aquel día se acabaría la magia, los niños crecerían y buscarían la sonrisa en otros lugares. Pero llegarían otros niños y el espejito volvería a moverse, y también los trozos de tela y los diminutos cuerpos seguirían el ritmo de la misma vieja canción. El espectáculo seguiría su curso mientras el titiritero tuviese fuerzas para seguir contando su historia y los niños siguiesen absortos frente al escenario.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Frente al espejo


      -          Eres la niña de mis ojos
Murmuró el tuerto mientras se miraba al espejo.

martes, 15 de mayo de 2012

El profesor de historia

El mes de junio era agotador. La cafetera ardía cada dos horas, los ojos se cerraban cada diez minutos y se obligaba a mantenerse despierto a base de agua fría y bebidas energéticas. Eran más de doscientos exámenes los que tenía pendientes de corregir y solamente tenía tres días para publicar las notas en el boletín escolar. Demasiado para unos ojos cansados y una mente harta de seguir intentándolo. Revisó el siguiente examen. Tomás Rogelios. Menudo elemento. Le recordaba mucho a aquel compañero suyo de clase que andaba siempre con niñas en el recreo y bebiendo cerveza en los ratos libres. Suspendía más que hablaba y, en ocasiones, no era capaz de entenderse consigo mismo. Les había enseñado a fumar a todos los de la clase y les había pormenorizado su relación íntima con Vanesa, la repetidora de la clase de al lado. Todo un elemento aquel compañero suyo. Igual que Tomás Rogelios. Le puso un dos sin apenas revisar el examen ¿Para qué? Jamás había entendido la historia ni había tenido interés por hacerlo ¿Cómo se llamaba aquel compañero suyo? Sonrió para sus adentros. Como para olvidarlo. Abrió el periódico del día y lo encontró en la primera página. Gregorio Timonte. Como para olvidarlo. Los dos en la misma clase. Uno graduado con matrícula de honor y buscando un lugar en la memoria como profesor de historia en un instituto privado. El otro, repetidor constante, golfo en ratos libres y vividor incansable, había encontrado un lugar en la historia como el decimoquinto ministro de agricultura de la democracia. Así eran las cosas en la vida real. Rebuscó entre los papeles y encontró, de nuevo, el examen de Tomás Rogelios. Tachó el dos y escribió un cero bien grande. A los parásitos había que erradicarlos desde pequeñitos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Precampaña


Cuando el alcalde se acercó al cañón, supimos que deberíamos convocar elecciones. No era moco de pavo; un despacho, poder y el cariño de las mozas del pueblo. La gente gritaba alborozada:

-         Yo prometo bajar los impuestos
-         Conmigo los bares cerrarán más tarde
-         Yo pagaré una ronda cada domingo después de misa

No hubo estruendo, ni sangre, ni elecciones. El enemigo no tenía dinero para munición.

El alcalde se acercó a ellos, abatidos tras el cañón y repartió palmaditas en la espalda.

Si me elegís alcalde os compro un arsenal. Y se van a enterar estos.

miércoles, 2 de mayo de 2012

No hay deshonra


-          ¿Y tu padre?
-          Bajo tierra.
-          Lo siento.
      -     ¿Por? No es ninguna deshonra ser minero.