martes, 12 de junio de 2018

Indios y vaqueros


-          - A ver si consigue así que papá no haga más el indio. – Le dijo Marta al psicoanalista el primer día de consulta.

Hace poco volvimos a encontrarnos con él. Había escrito un libro sobre la hipnosis y se acordó de nosotros mientras lo firmaba.
         -   ¿Qué tal vuestro padre? ¿Ya no hace el indio?
-       -  No. Se convirtió en pistolero.

     Marta me agarró por el brazo y se disculpó:      
         -  Llegamos tarde.

No se atrevió a decir nada más.
Habíamos visitado a mamá en el cementerio y aún teníamos que ir al manicomio para visitar a papá.

lunes, 11 de junio de 2018

Contra el miedo

Las letras eran frías. Decenas de cartas guardadas en un cajón, dormían el sueño de la esperanza. El teclado volvía a emitir sus sonidos constrictores y la pantalla, refulgiente como un sol de primavera, devolvía sonrisas e ilusiones. Sueños cumplidos, promesas pendientes, una vez más, del sonido gutural que devolvía el antiguo tocadiscos.

Guitarreó con las manos e improvisó un concierto con el palo de la escoba. Volvió a escuchar el click de la conexión y, otra vez, perdió el sueño para verterse por completo a la conversación nocturna. "No tengo miedo", le dijo. Pero era mentira. Tenía tanto miedo que durante todas las horas impregnaba su mirada de un hilo de lágrima racional. Se acababa la soledad y comenzaba la aventura.

Se vistió de gala y acudió a la cita. Junto al coche, imaginó un abrazo profundo y un beso interminable. Las nubes grises pintaban un cielo de cuento y el viento susurraba melodías de distracción. Pudo correr y no quiso, pudo caer y se aferró al momento. El puño apretado, la garganta seca y el ojo avizor. El oído en el teléfono y la apuesta consigo mismo. Sus pasos se encontraron y apareció la sonrisa. Aquella sonrisa era verano eterno. Aquella promesa se había cumplido. Desde entonces siempre ha creído en las hadas.

jueves, 7 de junio de 2018

El dragón

De la rutina insípida de su oficina surgieron hadas y unicornios, tras la fotocopiadora había un licántropo y en la sala de juntas vivía un vampiro que se escondía en el armario cuando encendían la luz.  A veces, del despacho del director salía un demonio y en la mesa de la secretaria se sentaba una mantícora. Lo peor fue cuando apareció el dragón. Parecía enfadado y harto de redactar informes. Y entonces no quedó nada. Papá regresó a casa con una carta de despido. Tenía una sonrisa pintada en la boca y la camisa nueva quemada por la manga.

miércoles, 6 de junio de 2018

No es lo mismo

La gente murmuraba, el viento soplaba, el tiempo pasaba. La estación de tren, bulliciosa y sucia, presentaba cuadros costumbristas. Una maleta ajada, un carro con alimentos, un abuelo con bastón, un nieto con bufanda. Y entre la mística de lo inimaginable, Matías miraba hacia el andén como quien mira una fila de hormigas. Abstraído, escuchaba, en una letanía disconforme, las palabras de su madre.
- Cómete el bocadillo.
- Es un sandwich.
- Es igual.
- No es lo mismo.

Y así con todo. La rebeca y la chaqueta, la bota y el zapato, la gorra y el sombrero, el refresco y el te.

La señora, estirada y estilosa, irrumpió en el momento en el que Matías mordisqueaba el último bocado. Cayó al suelo, asfixiado, atragantado, apurado por el ansia. Se acercó una multitud; entre ellos el abuelo, el nieto y la señora. Cuando volvió en sí, escuchó al señor de negro que le había ayudado preguntar por su familia.
- ¿No están por aquí tus padres?
- ¡Aquí estoy! - Exclamó la madre desde la fila de atrás.

Y regresaron al banco mientras esperaban el tren de regreso al pasado.

La señora subió al vagón mientras el abuelo y el nieto siguieron esperando. Estirada y estilosa, no se fijó en que la cremallera de su bolso había quedado a medio cerrar.

Matías siguió mirando el suelo mientras su madre confirmaba el hecho.
- He cogido la cartera.
- Es un monedero.
- Es igual.
- No es lo mismo.

martes, 5 de junio de 2018

Juega con tu hermano


La risa un poco ronca y una barba que pincha siempre que le da el beso de despedida. “Juega con tu hermano, le dice”. Y entonces le ve sonreir, distraído, rodando un Mercedes de miniatura y recuerda, que no hace mucho, aquellos juguetes, los achuchones y los besos eran sólo suyos. Su madre sigue en la cocina y él en silencio. Abre la ventana y rueda el juguete hasta el alféizar. Con pasos torpes, su hermano sigue el camino y él no sabe si al final le castigarán cuando les diga que estaban jugando a los accidentes de coche.

lunes, 4 de junio de 2018

Invierno

Diciembre fue amarillo. Se desprendió el sol de mi rostro, reflejó la luz la mirada y tus oídos fueron receptores de mis palabras. Te acostumbraste a mis manos y yo lo hice con tus besos. Te acomodaste en mi sofá y yo te regalé mi tiempo.

Enero fue rojo. La pasión se derramó en mi alcoba, la congoja dio paso a la ilusión y desde la esperanza regresamos a la suerte. Compartimos el tiempo y bebimos el mismo viento. A veces llovía, pero en tus brazos era verano y en tus ojos siempre fue primavera. Esperabas una palabra y fuiste tú la dueña de mis silencios.

Febrero fue azul. De repente aplazamos los planes, silenciamos los reproches, nos descolocamos los cajones. Desapareció tu cepillo de dientes y apareció un llavero en la entrada. La cama vacía y el adiós pendiente de un hilo. Cuando lo dijiste yo ya vivía conmigo mismo y moría con el recuerdo.

Marzo fue gris. Se desprendieron las plumas del edredón, se dislocó la puerta del armario, explotó el cristal de la ventana del baño. La ira precedió a la tristeza y el llanto precedió al silencio. Una vez más, el silencio. Y mientras vendaba de nuevo mis puños imaginé el fin. No había más muebles que golpear, pero había una cuerda en el fondo del cajón.