viernes, 17 de julio de 2015

Un tal Espartaco

Los hombres hablaban de un tal Espartaco y en los corrillos de la antesala se susurraban unos a otros sus fantasías de rebelión. Decían que aquel hombre había puesto en jaque al imperio y que sólo la traición le había impedido ser un hombre libre. Las hazañas corrían de boca en boca y los legionarios, de vez en cuando, colgaban de un árbol a quien se atreviese a desafiar a la curia con la mirada.

Quería no tener miedo. Quería saber cómo empuñar la espada, enfrentarse a las bestias y salir victorioso. Quería ver el dedo del emperador señalando hacia arriba; la amnistía regalada gracias a su valor. Pero le temblaban las piernas, le costaba respirar y sentía como el orín iba resbalando por su pierna hasta formar un pequeño charco de barro sobre la arena. Los hombres que hablaban de un tal Espartaco jamás hablarían de él.

Se abrió la puerta. El insensible quejido de los hierros mientras la luz iba apagando la sombra del umbral, le hizo pensar en lo difícil que sería el final. Ningún final es fácil, menos si no es feliz. Aquellos últimos minutos los dedicó a pensar en su infausta vida. Sólo había sabido ser esclavo. No dejaba a nadie. Nadie lloraría por él. Bajó el acero y se dejó devorar. Dolió bastante, pero sólo al principio. Mientras agonizaba supo que aquel final, al fin y al cabo, fue el mismo que tuvo el tal Espartaco. Todos mueren, de una u otra manera.

miércoles, 1 de julio de 2015

Toca jotas


Toca jotas en la lección de hoy. Jugando a juglares jinglamos jaleo. “Junta una jarcia” ordena doña Jacinta. “Jaén”, dice Jaimito. “Jijona” prosigue Juanito. Y “Jumilla” remata Jorgito. Desde atrás se jipía un jirón. “¡Gerona!”, exclama Germán. Todos le juzgan jocosos; este año tampoco aprobará ‘jeografía’.

lunes, 8 de junio de 2015

Recuerdo

Recuerdo las mañanas soleadas cuando el aire mecía el trigo y en la casa penetraba un olor a grano tostado por el sol. Cuando se nublaba, el olor a tierra mojada era el reclamo para el ejército de hormigas voladoras que revoloteaban sobre el granero. De vez en cuando aparecía un gorrión sobrevolando el tejado y se daba un festín. Yo lo observaba todo desde el porche mientras bebía un refresco con gas y escuchaba a mi padre contarme alguna historia al tiempo que usaba la trilla para separar el grano de la paja.

Recuerdo una mañana oscura, con el cielo gris plomizo y el sonido hueco de las pisadas del caballo en establo. Chirrió la puerta de casa al abrirse, yo almorzaba un trozo de pan con mantequilla y mi madre limpiaba los platos mientras canturreaba una canción. Cuando escuchó los pasos me apremió a esconderme en la despensa. Escuhé un golpe seco y después el silencio. No me atreví a salir. Pasó el día y pasó la noche. Cuando abrí la puerta tuve que buscar el interruptor porque la cocina estaba a oscuras. Mi madre yacía muerta en el suelo. Más tarde me contaron que el cadáver de mi padre había aparecido semienterrado junto al viejo roble del camino.

No recuerdo mucho más de mi infancia porque un canalla me robó los mejores años. Sí recuerdo por qué quise convertirme en policía. Ahora lucho contra los malos ¿Quiénes son los malos? Aquellos hijos de puta que allanan propiedades ajenas y dejan huérfanos a niños felices. En unos segundos tú no recordarás nada, porque estarás muerto. Habrá un niño que recuerde tus pasos pero que, gracias a mí, podrá volver a dormir tranquilo. Y yo recordaré el olor a pólvora. Ese agradable olor que me hace sentir la satisfacción del trabajo bien hecho.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El camino de baldosas amarillas


Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura le indicó el camino de baldosas amarillas donde se encontró con un león que temblaba, un hombre de paja que no pensaba y un pedazo de lata con ojos. Regresó a casa de tía Emma y luchó contra el tornado. Siguió a Toto en busca del arco iris y vio aparecer al mago. Como cada tarde, vestía de blanco y traía un vaso de agua. Su voz no sonaba como la de Oz y sus palabras eran siempre las mismas: “Dorothy, es la hora de tu medicación”.

martes, 26 de mayo de 2015

Mi padre y tu hijo

Preparó el brazo para asestar el puñetazo y recordó aquella primera conversación.

" - Todo el mundo es susceptible de llevarse bien independientemente de como sean sus progenitores o como les hayan salido sus suscesores. Hay canallas con hijos estupendos y gente buena cuyos hijos son unos auténticos hijos de puta. De hecho, hay casos en los que un buen hijo con un mal padre busca protección en un buen padre con un mal hijo.
- Ese es nuestro caso. Mi padre es un hijo de puta y tu hijo es un cabronazo.

Entonces llegó la hostia.

- ¿Qué haces?
- Mostrarte la diferencia. Tu puedes llamar a tu padre hijo de puta y quedarte tan tranquilo. Sin embargo, nunca permitiré que insultes a mi hijo.
- Pero tu hijo es un auténtico canalla.

Zas. Otra hostia.

- Puede que así sea. Pero seguirá siendo mi hijo. - Y añadió. - Ojalá algún día lo entiendas. "

Claro que lo había entendido.

Por ello, cuando le escuchó decir "menudo hijo de puta es tu padre" después de conocer ambos la última canallada de su progenitor, preparó el brazo para asestar el puñetazo.

Zas.

Le vio sonreir. Supo que el sabía que lo había entendido.

lunes, 4 de mayo de 2015

Hasta la cofia



Ella sabrá lo que hace cuando se mete en la cocina y se pasa las horas entre pucheros y sartenes. Mientras yo me familiarizo con el sillón y le tomo el pulso al mando de la tele, ella sigue con su mandil y la cuchara de palo. Nos sentamos a comer y observo su mirada inerme.
-          Mañana tengo partido de fútbol. – Le aviso.
No dice nada. Sigo comiendo y ella sigue observando. Debe estar esperando un veredicto.
-          El estofado está demasiado salado.
-          Lo sé.
Disimula una sonrisa, coge el teléfono y marca el uno uno dos.

lunes, 27 de abril de 2015

¿Dónde está Edmundo Dantés?

Las lágrimas las apagaba el viento que mecía las hojas del parque de un lado hacia el otro. La sonrisa, esperanzada ante el nuevo encuentro, la dibujaba el recuerdo de miles de líneas leídas una y otra vez. Sobre el regazo, con el único peso de la memoria sobre cada párrafo, descansaba un desgastado volumen de "El Conde de Montecristo". "Llevaré un sombrero negro", dijo él. "Yo llevaré un libro", dijo ella.

A menudo imaginaba como serían los besos más allá de la isla de If. Un joven apuesto, intrépido y educado se acercaría a ella, le susurraría unas palabras al oído y se la llevaría para siempre hasta el fin del mundo. Soñaba despierta, cerraba los ojos y, cuando los abría, jamás encontraba a Edmundo Dantés. Siempre se trataba de un hombre inculto, desgarbado y con ínfulas de grandeza ¿Dónde estaba Edmundo Dantés?

Nunca pedía foto. No le gustaba preguntar a la persona con la que se encontraría, por su aspecto, en sus conversaciones previas de internet. Prefería jugar con su imaginación e imaginarse a un hombre con sombrero de ala ancha, capa y coleto. Pelo lacio y sonrisa burlona. Gesto adusto y mirada fría. Pero lo que encontró fue un tipo bajito y desgarbado. Rápidamente supo que aquel hombre jamás sería capaz de escapar de una prisión. Regresaría a su If particular, le invitaría a una copa de analgésico y le encerraría, en la celda de castigo, junto al resto de Abate Farias que ya le habían decepcionado.

martes, 21 de abril de 2015

Amargor


Con este amargor tan extraño me despierto cada mañana y busco un espejo donde poder mirarme. Me aplaco el pelo y me coloco la chaqueta antes de acudir a mi lugar diario. La gente pasa sin mirarme y quien lo hace me regala una moneda con desprecio. Dicen que me ha crecido la barba. Como hace días que no llueve, no encuentro espejos en el suelo para comprobarlo. Agarro la manta y me tapo hasta arriba. La botella de vino yace vacía a mi lado. Sabe tan amargo que me hace despertar con ese molesto amargor cada mañana.

lunes, 20 de abril de 2015

El anillo

Dicen que soy demasiado observadora. Debe ser una cualidad de mujer. Desde pequeña he estado atenta a los pequeños detalles y generalmente no he dejado escapar la más mínima percepción. Un cabello en la solapa de una chaqueta, un papel nuevo sobre el montón de documentos o una marca de carmín mal limpiada en la mejilla.

El cabello rubio en la solapa lo pasé por alto. Yo soy rubia, aunque tengo el pelo corto. El papel sobre el montón lo entendí como una broma. Un "te quiero" con una letra que no conocía es posible que se tratase de cualquier legajo encontrado junto a un bordillo. La marca de carmín la quise ignorar porque todos tienen alguna compañera efusiva en el trabajo.

Lo que más me ha extrañado es que haya vuelto a las miradas turbias, las sonrisas apagadas y los gestos de molestia. Que ya no se vaya a acostar a las doce porque tiene que hacer un trabajo en el ordenador. Que ahora se preocupe de que sus hijos hagan los deberes. Que se haya mostrado indiferente cuando le dije que me enteré de que su compañera la rubia se había comprometido con el hijo del director. Y, sobre todo, me extraña que después de dos años haya vuelto a ponerse el anillo de casado.

martes, 14 de abril de 2015

Alicia


¿Por qué me mira así? Desde que nos conocemos nunca la había visto separarse de Alicia y nunca había visto sus labios con ese color. Se acerca y me da un beso. Muerto de asco me aparto de ella y me limpio la cara con la mano. En la puerta aparecen sus padres. “¡Sorpresa!” dicen. Traen en la mano una tarta con un número diez encendido y ella corre a soplar las velas. Recojo mis muñecos y regreso a casa. Por el camino tropiezo con su muñeca Alicia. Creo que sabe que los besos ya no serán para ella.