lunes, 18 de noviembre de 2019

Repoblación

Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar al patrón cuando nos pidió un poco de colaboración. Las hembras estaban tan tiernas que no dejamos ni un hueso. Cuando nos obligó a repoblar, nos dimos cuenta de que el apareamiento no funcionaba igual con ellos que con ellas. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Dentro del juego

Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. Cada vez que cojo el sueño oigo la alarma, cada vez que intento comer algo, llega la alerta. Y a empezar de nuevo. Casa, árbol, montaña, río. Y cuando le tomo el gusto a la aventura, llega el apagón. Pensé que tendría unos días de asueto, pero estos mocosos se llevan la consola hasta en sus vacaciones.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Bohemio

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias establecidas. Le conseguimos una guitarra, un coro y un poco de público. No le salió ni una nota. Volvió a beber y, cuando, de nuevo, volvió a conseguir que la lluvia regresase al pueblo, le dejamos cantar en solitario porque un bohemio jamás podrá vivir como un artista.

lunes, 4 de noviembre de 2019

El nuevo Vietnam

Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, los amantes del blanco aparecieron para denunciarme por fascista, los defensores del negro me llamaron progre de mierda y los soldados del multicolor me amenazaron de muerte. Aturdido, observé las cuatro letras en la pantalla: “Gris”. Me quité la chaqueta marengo e, inmediatamente, borré el tuit.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Un amasijo de hierros

Tan misteriosamente como apareció, se cierra en un amasijo de hierros. Alguien intenta buscar el botón de encendido y sólo encuentra un orificio donde apenas cabe un meñique. Son ya demasiados tipos a los que llaman “nueve dedos”.

martes, 22 de octubre de 2019

Un enemigo mayor

Comienzan a acumularse en la superficie del planeta algunos restos de piel y huesos. El gran mamut reúne a su clan y cruza la meseta. Al final, espera el enemigo. Es pequeño, huesudo y lampiño. Demasiado débil. Tan extraño, que es capaz de caminar sobre las patas traseras y portar un extraño palo en las delanteras. Será fácil de aniquilar. Cuando pasen los años, piensa, veremos quién de los dos sigue dominando estas tierras.

jueves, 17 de octubre de 2019

Muñecos

Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde tararea una canción macabra y la invita a sacar la cabeza. Sabe que la niña está muerta de miedo y eso le satisface.

La puerta se abre y aparece la madre. Su hija está debajo de la cama y hay un muñeco tumbado sobre el borde.

-          ¿Otra vez jugando a las cuevas?

Hay un silencio, una afirmación y una orden para ir a cenar.

Consigue salir de allí, abrazada a su viejo león de peluche.

- Algún día le olvidará y no tendrá quien le tape los oídos allí abajo.

viernes, 4 de octubre de 2019

Al otro lado de la puerta

¿Me oyes? ¿Eres capaz de escuchar mis palabras? ¿Escuchas mis lamentos cada noche, mis suspiros por la mañana, mis gritos de agonía durante la tarde?
Al otro lado de la puerta no quedaba nadie.
De vez en cuando, el carcelero abría la ventanilla y le dejaba un plato de comida.
Después se marchaba a su garita mientras dejaba el eco de sus pisadas sobre las baldosas.

martes, 3 de septiembre de 2019

Violeta

El baúl de los juguetes está cada vez más vacío y el calendario cada vez tiene menos hojas.
-          Me llevaré un juguete cada mes hasta que no me pidas perdón.

No me importó perder a Pinocho, ni a Trasgo, ni siquiera al viejo león con el que dormía desde pequeño. Pero sólo queda un mes y me ha dejado a Violeta para la última. Es tan hermosa.
-          Perdón. – Exclamo entre sollozos.

Y mi hermano mayor vuelve a su alcoba para devolverme los juguetes.

Violeta sigue en el fondo. Con su coleta, su agujero en la entrepierna y el nombre de mi hermano pintado en su zapatilla.

martes, 9 de julio de 2019

Ante el puño tormentoso

El puño tormentoso entraba una y otra vez sobre su guardia. No podía hacer nada, él era más rápido, más fuerte, más joven. Sobre todo más joven. Había algo de lo que él había sido en esa mirada asesina, en esa pasión por la gloria, por la victoria, por hacer daño. Y mientras intentaba defenderse entre las cuerdas, sopesaba, una vez más, la decisión de marcharse corriendo de una vez por todas. El dinero era volátil, la fama sólo un pasaporte hacia la hipocresía y la gloria no era más que un instante. Un segundo después, siempre un segundo después, era consciente de que seguía siendo la misma persona, con las mismas piernas cansadas y los mismos pensamientos autodestructibles.

La pasión te convierte en peor persona. En este deporte lo hace. Y yo hace tiempo que sólo peleo por dinero. Necesito volver a ser un hijo de puta, aún estoy a tiempo, una última vez y lo dejo. Lo dejo para siempre. Yo era campeón, era mito, era estrella. Ahora sólo me paran por la calle para decirme lo viejo y lo acabado que estoy. Me liaría a golpes con ellos igual que lo haría con este mequetrefe. La guardia alta, me decía el entrenador, pero aún más alta la concentración. El puño tormentoso vuelve a entrar entre mis puños. Y sigo sin poder hacer nada.

El sabor de la lona es amargo, pero al mismo tiempo que siente el dolor siente el descanso. El orgullo duele más que la mandíbula y el alma duele más que el corazón. El suyo sigue intacto, de piedra, de mármol pulido por los años y las costumbres. Ya no pasa hambre, ya no necesita abrirse camino. Y así cae, a plomo, hasta descender al infierno y buscar, por última vez, un lugar en el cielo.

Yo era el campeón, yo era el referente, yo era el tipo que llenaba todas las portadas y encabezaba todos los rankings. Y ahora ¿Qué soy? Soy un trapo en el suelo, una toalla a punto de caer, un cubo de agua lleno de sangre. Soy una nariz rota, un labio hinchado, una ceja partida. Soy músculo caído, una sombra sin pie, una cabeza sin sentido. Pero sigo siendo yo. Carne, hueso, cerebro, corazón. Sigo siendo yo. Ponte en pie, me hubiese dicho el viejo, y deja de lamentarte. Los caídos se levantan, los alzados se defienden, los que no tienen nada que perder, atacan. Me levanto y ataco. Uno, dos. Como al principio, como aquellos días en los que el pan era un golpe certero y el agua sabía a sudor de gimnasio. Como el día que decidí ser el más grande. Arriba, en pie, golpe a golpe. El campeón ha vuelto.