La tierra prometida
Hace 1 semana
Palabras y pequeñas historias
Para que luego digan que
los monstruos somos nosotros. Cada vez que cojo el sueño oigo la alarma, cada
vez que intento comer algo, llega la alerta. Y a empezar de nuevo. Casa, árbol,
montaña, río. Y cuando le tomo el gusto a la aventura, llega el apagón. Pensé
que tendría unos días de asueto, pero estos mocosos se llevan la consola hasta
en sus vacaciones.
Era lo único que podíamos
hacer por él, dadas las circunstancias establecidas. Le conseguimos una
guitarra, un coro y un poco de público. No le salió ni una nota. Volvió a beber
y, cuando, de nuevo, volvió a conseguir que la lluvia regresase al pueblo, le
dejamos cantar en solitario porque un bohemio jamás podrá vivir como un artista.
Como un enjambre después de
recibir la pedrada de un niño, los amantes del blanco aparecieron para
denunciarme por fascista, los defensores del negro me llamaron progre de mierda
y los soldados del multicolor me amenazaron de muerte. Aturdido, observé las
cuatro letras en la pantalla: “Gris”. Me quité la chaqueta marengo e,
inmediatamente, borré el tuit.
Comienzan a acumularse en
la superficie del planeta algunos restos de piel y huesos. El gran mamut reúne
a su clan y cruza la meseta. Al final, espera el enemigo. Es pequeño, huesudo y
lampiño. Demasiado débil. Tan extraño, que es capaz de caminar sobre las patas
traseras y portar un extraño palo en las delanteras. Será fácil de aniquilar.
Cuando pasen los años, piensa, veremos quién de los dos sigue dominando estas
tierras.
¿Me oyes? ¿Eres capaz de escuchar
mis palabras? ¿Escuchas mis lamentos cada noche, mis suspiros por la mañana,
mis gritos de agonía durante la tarde?