miércoles, 14 de marzo de 2012

martes, 13 de marzo de 2012

Sin pasado

Los sueños le evocaban besos tiernos y abrazos calurosos. Hacía el amor a diario con su esposa, acariciaba el rostro de su hijo y se miraba al espejo para recrearse con su atlética figura. Los sueños fueron sueños hasta que dejaron de serlo. Un día despertó del coma y vio a su alrededor a un montón de gente que no conocía. Una se presentó como su esposa, otro como su hijo y algunos más dijeron que eran sus amigos, pero ninguno era como en sus sueños. Cerró los ojos e intentó volver a despertar pero ya no había una máquina que le indujese la inconsciencia. Pidió un espejo y no reconoció al tipo feo y desaliñado que había frente a él. Le contaron lo del accidente de coche, lo de los tres meses en coma y lo de las lágrimas que habían derramado por él. Le contaron, incluso, que antes de aquello él era feliz. Muy feliz. Pero no podía recordar nada. Llamó a la enfermera y pidió un somnífero. Prefería seguir soñando a seguir escuchando aquellas palabras que tanta desilusión le producían.

lunes, 12 de marzo de 2012

Números primos


La malvada hipotenusa capturó a Pi. La pérfida tangente sesgó el círculo y todos quedamos atrapados en un logaritmo sin solución. Ni siquiera la regla de tres fue capaz de sacarnos del agujero. Angustiados, pedimos permiso a Goldbach para multiplicarnos con el resto de la clase. Confuso, nos dibujó sobre un papel y trazó dos garabatos.
- ¿Vosotros dos, sois hermanos?
- No, somos números primos.
Le vimos saltar de alegría y añadirnos a mil sumas. Trece me miró con ojos de infortunio y yo me quedé hecho un siete. Desde entonces no hemos dejado de trabajar y solamente él aparece en los libros de historia.

jueves, 8 de marzo de 2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

La vida en la calle

La vida en la calle es perra, cruel, asquerosamente real. En la calle no hay trabajo, no hay pan, no hay amigos, no hay sonrisas. Ni siquiera las lágrimas son de afecto o de miedo, son de vergüenza. No hay un motivo por el que levantarse por las mañanas, un aliciente con el que bajar a desayunar, una idea para la hora del paseo. La vida en la calle es demasiado aburrida para quien ha conocido el tiempo más allá del hormigón.

No hay trabajo para mí, no hay un currículum que sepa describir mis mentiras, no hay un alma que se atreva a pagarme un jornal porque todo lo invade la desconfianza. Da lo mismo que mi corazón haya dejado de ser de piedra, que en mi alma vivan los sentimientos o que en mi cabeza refluyan los arrepentimientos. No puedo tener la conciencia tranquila porque ahora no me dejan. La vida en la calle es una puta mierda.

La calle está llena de oportunidades para regresar. Está llena de ancianas desprotegidas, de niños inocentes y de hombres que no han aprendido a serlo. Basta una navaja, un tirón, un engaño, un atraco premeditado. O sin premeditar. Basta escuchar el sonido de las sirenas para sentir ese alivio que llevo tantas semanas buscando. El corazón regresa a su palpitación habitual y mis mandíbulas han dejado de apretar un hierro invisible. Ofrezco mis manos y me entrego a las esposas. No quiero vivir en la calle, me sentía mucho mejor viviendo en prisión.

lunes, 5 de marzo de 2012

Camino al vacío


- ¡Niño, tira pa' Linares de una puñetera vez!
Los pies descalzos sentían el frío de la tierra mojada y las legañas apenas dejaban abrir los ojos. Se secó los mocos con el dorso de la mano y arreó las mulas tras auparse forzosamente a lo más alto del carro.
El señorito seguía increpando con ademanes y el niño escupió un hilo de sangre hacia un costado. El cargamento de plomo debía estar en Linares antes del mediodía, y mientras el sol despuntaba al alba y cegaba su mirada, se acordó del barranco junto a la vereda del río Guarrizas.
Asió fuerte las riendas e intentó poner cara de pistolero. Igual que aquellos héroes en blanco y negro que había podido ver subido a la tapia del viejo cine del pueblo. El abismo estaba allí; no había futuro. No lo habría habido de ninguna de las maneras. Cerró los ojos, un par de lágrimas humedecieron sus legañas y gritó de júbilo.
Iba a hacerle una buena faena a aquel maldito desgraciado.

martes, 28 de febrero de 2012

El silencio

Callaba. Tenía miedo a perderle. Pero con su silencio le estaba perdiendo de verdad.

domingo, 26 de febrero de 2012

Salvar el mundo

Mi último cartucho. No es un gran plan, pero es lo único que me queda. Son diez mil contra uno. Quizá si les hago morder el anzuelo les mande a todos a dormir el sueño eterno. Quizá si la suerte me acompaña. Quizá.

Necesito reunirles a todos. Malditos monstruos verdes que arrasaron con todo. Puedo escuchar el latido de mi corazón y el eco de mi aliento. No escucho nada más. Vacío toda mi polvora. No me queda más. Allí la nave, aquí el detonador, en medio de la nada el planeta. Me siguen buscando. Son demasiados para mí solo. Me devorarán.

La trampa está preparada. Diez kilómetros a la redonda, calculo. Subo a la nave y activo el turbo. Espera un segundo. Por la trampilla sale el vehículo, a toda velocidad. Un kilómetro, dos, se detiene. He calculado bien la distancia de propulsión. Lo han visto. Los espejos relucen lo bastante como para pasar desapercibido. Veo la masa verde avanzar hasta el lugar. Hay diez toneladas de pólvora, un cable y un detonador en mis manos. Lo aprieto y activo la palanca. Siento el estruendo mientras la nave baila en el aire. Evito la caída y vuelo hacia el cielo estrellado mientras el planeta se va a tomar por saco. Puedo ver el cráter mientras me alejo. He salvado al mundo, pienso. No queda nadie, ni amigos ni enemigos. Solamente yo ¿Ahora, a quién se lo cuento?