miércoles, 18 de septiembre de 2024

Cuenta atrás

Su reflejo le espera, impaciente, en el espejo del viejo gimnasio. Hace tiempo que no huele a sudor y a linimento sino a polvo y abandono. En la estantería hay cinturones de campeón y algunas de fotos de un hombre en guardia cuyo rostro podría confundirse con el del tipo que, calzado con dos guantes, se enfrenta al espejo con una bata arrugada. Tras una sonrisa, reproduce el sonido de una campana y se dirige al frente para golpear, sin piedad, a su peor enemigo. El cristal se hace añicos y, ni así, es capaz de escuchar una cuenta atrás.

martes, 27 de agosto de 2024

En el país de los ciegos

-        ¿Qué tal mil euros?

El tuerto le miraba con cierta condescendencia y él contó, mentalmente, las cosas que podría comprar con ese dinero. No sabía a qué ojo de su interlocutor mirar y eso le confundía soberanamente. Leche, huevos, carne y alguna verdura. Podría dar de comer a mi familia durante unos meses y, quien sabe, quizá cuando me recupere pueda encontrar un trabajo. Seguro que había alguien dispuesto a cobrar su ayuda por incapacidad.

-        De acuerdo. – Contestó.

Desde que habían hecho el primer trasplante de ojo, habían sido muchos los ciegos que habían buscado un ojo sano con el que poder descubrir los colores del mundo. Pero aquel tipo no quería ser rey, sino emperador.

Ahora por fin sabía qué costaba un ojo de la cara.

martes, 6 de agosto de 2024

Rojo

Mientras observo, tú callas, mientras añoro tú desvías la mirada, mientras sonrío tú agachas la cabeza. Fue aquí, justo aquí. Aún recuerdo el día en el que regresé de las vacaciones de Semana Santa. Había estado en casa de los abuelos, comiendo dulces y aprendiendo oraciones. Vosotros os quedasteis cuidando el ganado, cultivando las plantas, esperando la lluvia. Yo corrí hacia el río donde tú estabas agachado. No nos esperabas hasta la tarde y yo me abracé a tu espalda como lo haría una niña que buscaba su mejor refugio en los brazos de su padre. Te estabas lavando las manos y yo lo vi todo rojo; el sol de la mañana, las amapolas, las cerezas y las mariposas. En aquel rictus descubrí un pesar que aún cargas sobre tu pecho. El aire, tan puro como travieso, despeinaba tu flequillo y conseguía secar el nacimiento de la lágrima que empañaba tu mirada. “Mamá se ha marchado”, dijiste. Y desde aquel día aprendimos a vivir a medias y a sobrevivir a rachas. Los abuelos lloraron dos días y jamás regresaron al lugar en el que tú te sientas cada domingo de resurrección y hablas en silencio con el aire que mece las espigas verdes. Siempre quise imaginar que hay bajo el montículo de tierra que pisas mientras tu espalda nace de la roca y tu silueta se pierde con el horizonte, pero siempre que regreso a aquel día, lo sigo viendo todo rojo; el sol de la mañana, las amapolas, las cerezas, las mariposas y el agua que se llevaba, río abajo, la sangre que manchaba tus manos.

domingo, 23 de junio de 2024

Culpa

La preocupación es una bomba con cuenta atrás instalada en el córtex, una portería descubierta esperando un gol que nunca llega. El error es una probabilidad y en la incertidumbre reside el miedo atroz que me impide respirar con normalidad. Un incendio sobrevuela mi cabeza, los nervios, afilados e hirientes, son llamaradas de espanto que nacen en el pecho y explotan sobre los ojos. Podría llamar la atención del mundo si fuese capaz de escenificar mi tormenta, pero no hay lluvia que apague el incendio ni trueno que pida socorro. Camino hacia la incertidumbre, el filo de un precipicio espera la llegada de mis pasos mientras mis pies deja huellas invisibles que sólo yo soy capaz de vislumbrar. Pero de nada sirve mirar atrás porque ya no volverán los buenos tiempos, no fuí capaz de sonreír cuando pude y ahora que el daño es irreversible y el presente sólo es pasado, no hay bombero que apague esta explosión de recuerdos. Moriré solo y seré cenizas que surcarán el aire pidiendo perdón. Quizá si una mota de mi cuerpo aterrice sobre tu piel y serás capaz de perdonarme. Sólo el llanto por lo no vivido nos evita ser pasto del olvido.

jueves, 30 de mayo de 2024

Adiós

     -           ¿Dónde está lo que me diste? ¿Dónde lo que prometiste?

-        La promesa recordada, no es más que lo que creíste.

-        ¿Entonces por qué la luz apagada? ¿Por qué los besos que me diste ahora no saben a nada?

-        Porque no eres lo que fuiste y no volverá la mirada que tantas veces repetiste.

-        Te miré por un poema y no era un tema banal. Me hiciste aprender el mal y entonces no había problema ¿Por qué ahora no es igual?

-        Porque el final del dilema no es más que una señal de que si tocas la moral te quema, así que cambiemos de tema.

-        ¿Te crees que esquivando el fonema ya no serás inmortal?

-        Tan sólo buscaba una razón por la que ser recordado.

-        Te equivocaste de situación, ahora serás olvidado.

-        ¡No pares mi corazón!

-        ¿Acaso te importó el mío cuando te diste al libre albedrío?

-        Eras un lugar sombrío y a tu lado sentí el frío.

-        ¡Tú me encerraste en tu caserío! Si querías otra sensación ¿Por qué no la buscaste a mi lado?

-        Porque los versos ajados, más que remota ilusión, sólo son ritos pasados que no bailan a mi son.

-        ¿Y ahora me pides perdón?

-        Me di cuenta de repente de que uno y uno sí son dos.

-        Ahora es tarde y el pasado no es presente.

-        Deja que de nuevo lo intente; hoy escribo para vos.

-        Lo siento, pasa la vez al siguiente, yo ahora te digo adiós y lo hago mirando al frente.

-        ¿Cuándo dejé de ser tu Dios?

-        En el momento en que fui consciente que en mis accesos de tos, jamás te tendría enfrente.

-        Me perderé entre la gente. Adiós, nuevamente.

-        Adiós, definitivamente.

lunes, 6 de mayo de 2024

Una camiseta limpia

Podrían confundirla con la de papá así que ponte un abrigo y que nadie vea la camiseta con el logotipo de la empresa de gas manchada de sangre. Mañana la limpiaremos y le diremos a papá que sigue en el cubo de la ropa sucia, al fin y al cabo, para hacer sus instalaciones no hace falta que lleve una camiseta limpia todos los días.

miércoles, 24 de abril de 2024

Jaque mate

El silencio de un salón repleto de personas contrasta sobremanera con el ruido de batalla que se reproduce dentro de su cabeza. Ha ganado tantas lides que parece haber olvidado los detalles defensivos, por eso no espera sorpresas más allá de algún sacrificio o algún ataque desesperado.

Por eso ha reforzado los flancos; asomado a la torre ha enarbolado la bandera y ha jaleado el valor de sus peones, a quienes ha visto avanzar como mártires hacia un lugar donde el peligro es tan certero como alentador. Cuando les perdió de vista se enrocó con el rey para ver mejor el punto de partida de los alfiles y seguidamente se montó en un caballo para cabalgar, haciendo eles, por los lugares más seguros del campo de batalla.

Ahora aconseja a la reina para el último ataque y su encuentro con el rey negro. La inercia le ha conducido a una situación de ventaja donde los últimos movimientos pasan por ser atacado a la desesperada por el alfil comandante. Pero aquello también lo ha previsto. El ruido de sables, chocando entre sí le obliga a estar atento al flanco derecho de la batalla, allí, un rey acorralado se mueve despacio intentando salvar la vida y, sobre todo, la dignidad.

Está a punto de clavar su espada y cantar victoria cuando se siente apuñalado por la espalda víctima de un peón aislado y un caballo que creía inutilizado. De repente se derrumba el castillo, los caballos se encabritan y la reina cae herida de muerte. Obligado a retroceder intenta pactar una tregua, pero es demasiado tarde. Mientras su rey blanco agoniza, él siente que ha perdido el honor y el respeto. Su cabeza se queda en silencio mientras en el salón atruenan los aplausos. El rey ha muerto. Viva el rey.

jueves, 18 de abril de 2024

Iguales

La marea de gente camina en sentido opuesto a la caída del sol, una madre camina de la mano de un niña que trata de entender sentido de la manifestación.

-        Mamá ¿Esto sirve para algo?

-        Cualquier grito sirve más que el silencio.

-        ¿Pero no somos todos iguales?

-        Existen algunos detalles que nos sitúan un paso por detrás sólo por el hecho de ser mujeres.

-        La abuela me contó que ella no pudo estudiar por ser mujer, que no pudo tener una cuenta en el banco y no podía ir sola a tomarse una cerveza.

-        Cierto.

-        Pero tú sí has estudiado, tienes tus propios ahorros y puedes salir sola a cualquier lugar. Incluso te pudiste divorciar de papá.

-        La carrera no se acaba cuando un corredor alcanza la mitad del recorrido.

-        ¿Y dónde está la meta?

-        Muy lejos aún. En los actos deportivos, las azafatas son chicas cosificadas por el hecho de ser guapas. Si te acuestas con varios chicos no dirán que te gusta disfrutar de tu cuerpo sino que eres una cualquiera. Cuando tengas un hijo te verás moralmente obligada a ser tú quien pida la reducción de jornada porque cuidar un bebé es cosa de madres. Hay días en los que he sentido miedo al volver a casa sola y es un miedo inherente a ser mujer. Si además llevo una minifalda, estoy pidiendo guerra y, aunque diga que no, para parte de la sociedad ya es un sí.

-        ¿De verdad no te dieron el ascenso por ser mujer?

-        No me lo dieron por ser madre, porque me quita involucración laboral, según ellos.

-        Entonces la meta aún nos queda muy lejos.


Y se perdieron entre la gente reivindicando su derecho legítimo a ser iguales.

jueves, 11 de abril de 2024

El olvido

Las manos en alto y las rodillas sobre el suelo, la mirada perdida, igual que mi futuro, si acaso alguna vez fue futuro como tal y no un pasado adelantado. Porque esta sed terrible que me convierte en un monstruo no sólo no se ha ido apagando sino que me ha invadido los instintos hasta hacerme perder la razón. Dicen que soy cruel y que el mundo me tiene miedo ¿Pero acaso no viví yo con miedo hasta que la rabia me puso el traje del valor? Quizá no fue valor la palabra, sino hartazgo. Yo también tuve miedo y lo superé con un cuchillo y una pala. No dejé un rastro y, cuando la gente dejó de ver al cabrón de mi padre, le imaginaron borracho y caído en cualquier cuneta. Me dejó solo y marcado, pero con unas ganas terribles de seguir matando. Mi madre murió de pena, echando de menos las vejaciones y yo homenajee su memoria con golpes certeros y tumbas improvisadas. Trece asesinatos me achacan. No saben que se quedan cortos. La luz cegadora de la linterna me obliga a cerrar los ojos, si los abriese, vería a la niña que, tumbada a mi lado, ha dejado de suplicar para vestirse de gala en su camino hacia el más allá. Juro por mi vida que quería detener mis impulsos, pero me ocurre como al escorpión que picó a la rana; está en mi naturaleza. Las esposas son frías y aprietan mis muñecas hasta el punto de dejar de sentir las manos, esas que tantas veces usé para mi gozo personal, pero no es eso lo que más me duele; ser temido me convertía en un héroe, ser odiado me convertía en mi padre y yo no quiero terminar como él. No me merezco el olvido.

viernes, 15 de marzo de 2024

De perdidos al río

Dándole vueltas al último contrato de la luz colocó el papel con las letras boca abajo y la fecha convirtiéndose en encabezado, dobló la esquina y desapareció el año, dobló un tercio y desapareció el logotipo, continuó doblando hasta que algo parecido a un avión apareció en sus manos. Cuando lo lanzó por la ventana fue lo más cerca que estuvo de ver desaparecer el mundo mientras la nevera seguía enfriando las cervezas y el contador seguiría girando mientras el botellín se posaba en sus labios y el viento arrastraba hacia el olvido un diminuto avioncito de papel.