jueves, 25 de mayo de 2023
Perfecta
martes, 25 de abril de 2023
Vientos de cambio
Me pregunto qué es la vida sino una sucesión de vivencias inesperadas, qué es el futuro sino una cárcel donde morirán los sueños y que es el pasado sino un cajón abierto en el que rebuscar un viejo recuerdo que nos haga sentir orgullosos de lo que un día pudimos llegar a ser.
Imposible olvidar la
primera vez que la vi. Muchos la miraban con deseo, pero ella sólo buscaba a
quien la mirase con devoción. Quizá por eso se fijó en mí, porque mientras
todos le devolvían gestos de asombro, yo le devolví una sonrisa.
Me agarró la mano y
me invitó a vivir dentro de sus sueños. De vez en cuando nos acercábamos al
muro y nos preguntábamos que habría más allá. Decían que las luces brillaban de
noche, que la gente comía en las calles y que los bailes duraban hasta el
amanecer.
Nuestros besos sabían
a ilusión, pero sus abrazos desprendían deseos de libertad. Aquella mañana era
fría y se escuchaban palabras de cambio transportadas por el viento. Seguimos
el río de gente y llegamos hasta el pie del muro. Los soldados nos miraban con
recelo e intentaban intimidarnos con sus metralletas. Entonces supe que aquel
era mi momento y salté hacia lo más alto. Desde allí pude contemplar el otro
lado y respirar un aire que sabía distinto.
El tirón me devolvió al suelo y el grito me devolvió a la realidad. Pero la gente se mostró ofendida, los ciudadanos se agolparon contra el hormigón y en unos minutos rompieron con su pasado. Mis manos sangraban y mi corazón latía. “Lo hemos conseguido”, quise decirle, pero por más que la busqué no pude encontrar ni su sombra. Allá, en el lado opuesto a nuestra memoria, viviría para siempre el más bello recuerdo de nuestro pasado.
jueves, 13 de abril de 2023
Tres disparos
martes, 14 de marzo de 2023
Destinatario ausente
Algo así debió
ocurrirme cuando el señor Figueroa abrió la puerta. Era mi primer día en la
ciudad. Para alegría de mi padre, había aprobado las oposiciones y mi madre,
que aún vivía abrazada a la tristeza, me despidió con un abrazo y un “ten
cuidado”.
Desde que perdió a
uno de sus gemelos en el parto no había vuelto a ser la misma. Y eso que mi
hermano Miguel se había empeñado en dar alegría a la casa, pero ella no
conseguía levantar cabeza y mientras le veía crecer sólo podía ver en él al
hijo que nunca le entregaron.
El apego por lo que
nunca hemos tenido es un camino hacia el precipicio, y allí se encontraba mi
madre; años sumida en un letargo del que tan sólo salía para celebrar el día en
el que Miguel y su hermano cumplían los años.
Tras la segunda
llamada, estuve a punto de marcharme. Dejaría el paquete en la oficina y
anotaría “Destinatario ausente”. Pero la cerradura crujió, el señor Figueroa se
asomó al umbral y de mis manos cayeron un paquete y un centenar de recuerdos. Aquel
tipo tenía la misma sonrisa que mi hermano Miguel. Y también los mismos ojos,
la misma nariz y el mismo remolino rubio sobre la frente.
martes, 21 de febrero de 2023
Pillado
jueves, 9 de febrero de 2023
Gato
miércoles, 1 de febrero de 2023
Cafés y chalecos
lunes, 23 de enero de 2023
El tío Ignacio
Desde siempre, nos habíamos reunido toda la familia
en casa de los abuelos para celebrar la Nochebuena alrededor de un plato de
sopa.
La tradición databa de muchos años atrás, cuando la
abuela apenas podía reunir dos puerros, un hueso y un puñado de fideos. Todos
sus hijos era felices cenando sopa en Nochebuena y cantando villancicos al son
de la zambomba.
El tío Ignacio era un tipo extraño. Nunca se llevó
bien con el abuelo. Nadie se atrevía a censurarle y cenábamos en silencio
esperando a que terminase su plato y el abuelo agarrase la zambomba.
Solo que el abuelo aquel año no estaba.
Nos había dejado un mes atrás, víctima de un infarto
y dejando un legado de sonrisas y buenas palabras.
Por ello, aquella Nochebuena cenábamos más en
silencio que nunca.
Hasta que se escuchó una voz.
-
¡Deja de sorber la sopa de una puñetera vez!
Todos nos miramos extrañados. El tío Ignacio nos
observó con desgana y siguió sorbiendo. Volvimos a agarrar la cuchara cuando la
voz volvió a retumbar en el salón de la vieja casa.
-
¿Es que no me has escuchado?
Lo habíamos escuchado todos. Nos miramos entre
asustados y sorprendidos.
Cuando el tío Ignacio volvió a agarrar la cuchara,
la abuela le dijo con voz tranquila.
-
Haz caso a tu padre por una vez en tu vida.
Entonces el tío terminó su sopa en silencio.
La cortina se movió hacia adentro impulsada por el
aire aunque ninguno recordábamos haber dejado la ventana abierta.
Y a lo lejos se escuchó el sonido de una zambomba.
lunes, 16 de enero de 2023
Indicios
En el barco, Mateo examina las huellas y recoge indicios que guarda en una pequeña bolsa de plástico. Enguantado y con un mono incómodo, es fácil de reconocer como un miembro de la policía científica. El chivatazo era bueno, piensa. El sonido de los helicópteros sobre el puerto le hace retroceder. Busca un hueco y saca un teléfono móvil.
En la mansión, el jefe escucha una vibración sobre la mesa y se abalanza para leer el mensaje. “Pruebas controladas, no hay indicios”. En ese momento resopla y ordena al chófer guardar el auto. Llama al contable y le ordena hacer un abono en la cuenta de Mateo. Con discreción.
En la celda, sin embargo, todo son nervios. El capitán y el contramaestre tienen el agua al cuello y le han dicho al comisario que están dispuestos a declarar. Lo mismo han afirmado los otros dos tripulantes, aún no identificados. El inspector Mateo tiene pruebas que inculpan a todos, sólo hay que tirar del hilo y llegar hasta su jefe. Pero la noche es larga y la mañana demasiado corta. Todos han amanecido colgados por el cuello con una sábana atada alrededor. Remordimientos, dijeron. O miedo. También.









