martes, 14 de marzo de 2023

Destinatario ausente

La casualidad es un golpe del destino que conjuga tiempo y lugar. Existen ocasiones en las que el mundo se detiene y en las que, tras el asombro, no somos conscientes de nuestra reacción.

Algo así debió ocurrirme cuando el señor Figueroa abrió la puerta. Era mi primer día en la ciudad. Para alegría de mi padre, había aprobado las oposiciones y mi madre, que aún vivía abrazada a la tristeza, me despidió con un abrazo y un “ten cuidado”.

Desde que perdió a uno de sus gemelos en el parto no había vuelto a ser la misma. Y eso que mi hermano Miguel se había empeñado en dar alegría a la casa, pero ella no conseguía levantar cabeza y mientras le veía crecer sólo podía ver en él al hijo que nunca le entregaron.

El apego por lo que nunca hemos tenido es un camino hacia el precipicio, y allí se encontraba mi madre; años sumida en un letargo del que tan sólo salía para celebrar el día en el que Miguel y su hermano cumplían los años.

Tras la segunda llamada, estuve a punto de marcharme. Dejaría el paquete en la oficina y anotaría “Destinatario ausente”. Pero la cerradura crujió, el señor Figueroa se asomó al umbral y de mis manos cayeron un paquete y un centenar de recuerdos. Aquel tipo tenía la misma sonrisa que mi hermano Miguel. Y también los mismos ojos, la misma nariz y el mismo remolino rubio sobre la frente.

Recogió el paquete, firmó el recibo y me dio las gracias. Cuando cerró la puerta, pensé en la casualidad. Y entonces me abracé al destino. Me acordé de los ojos tristes de mi madre, del mismo color azul intenso que los del señor Figueroa y, con manos temblorosas, volví a pulsar el timbre.

martes, 21 de febrero de 2023

Pillado

Ahora golpearé la tumba con los nudillos, tal y como me dijiste. Busca la encina del jardín, camina once pasos hacia la derecha y cuando veas una cruz en el suelo, allí te estaré esperando. Golpea la tumba con los nudillos y saldré de mi escondite. Me lo dijiste hace dos semanas, papá, cuando no te podías levantar de la cama y me dejaron ir a verte. Fue la última vez. Dijiste que nunca dejarías de jugar conmigo y llevo varios días buscándote. Esta vez te has superado. Es un buen escondite, pero ya puedes salir, te he pillado.

jueves, 9 de febrero de 2023

Gato

“Igual que el gato”, decía Tomás. Aseguraba tener poderes gatunos y nos convenció a todos de que era capaz de lanzarse desde la azotea y caer de pie. Todos sabíamos que estaba loco, pero nos gustaban sus excentricidades. Un día era perro y mordía a un señor mayor, otro día era ardilla y se subía a un árbol y otro era elefante y arrasaba por donde pasaba, pero aquello del gato superaba todas las expectativas. Se asomó al borde y calculó la distancia. “Miau”, dijo antes de saltar. Cuando bajamos, y comprobamos que no había caído de pie sino de cabeza, nos fuimos decepcionados. Incluso Abel llegó a decir “pues también es mentira que tengan siete vidas”.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Cafés y chalecos

Quien se tomó primero el café fue el que dijo que los chalecos no abrigan, el que refutó y dijo que los chalecos sí dan abrigo se tomó el café en tercer lugar, uno de ellos dijo que el café estaba amargo, sin embargo, el segundo en probarlo, coincidió con el otro y dijo que estaba dulce, fue el mismo que dijo que le gustaban los chalecos pero dio la razón al del café amargo, también opinaba que no abrigaban. Juan llevaba chaleco, José llevaba jersey y Jaime llevaba una rebeca e hizo un momio extraño cuando dio un sorbo a su café ¿Quién, por orden, tomó el primer, segundo y tercer café?

lunes, 23 de enero de 2023

El tío Ignacio

El tío Ignacio sorbía la sopa y a nosotros nos parecía el sonido más desagradable del mundo.

Desde siempre, nos habíamos reunido toda la familia en casa de los abuelos para celebrar la Nochebuena alrededor de un plato de sopa.

La tradición databa de muchos años atrás, cuando la abuela apenas podía reunir dos puerros, un hueso y un puñado de fideos. Todos sus hijos era felices cenando sopa en Nochebuena y cantando villancicos al son de la zambomba.

El tío Ignacio era un tipo extraño. Nunca se llevó bien con el abuelo. Nadie se atrevía a censurarle y cenábamos en silencio esperando a que terminase su plato y el abuelo agarrase la zambomba.

Solo que el abuelo aquel año no estaba.

Nos había dejado un mes atrás, víctima de un infarto y dejando un legado de sonrisas y buenas palabras.

Por ello, aquella Nochebuena cenábamos más en silencio que nunca.

Hasta que se escuchó una voz.

-        ¡Deja de sorber la sopa de una puñetera vez!

Todos nos miramos extrañados. El tío Ignacio nos observó con desgana y siguió sorbiendo. Volvimos a agarrar la cuchara cuando la voz volvió a retumbar en el salón de la vieja casa.

-        ¿Es que no me has escuchado?

Lo habíamos escuchado todos. Nos miramos entre asustados y sorprendidos.

Cuando el tío Ignacio volvió a agarrar la cuchara, la abuela le dijo con voz tranquila.

-        Haz caso a tu padre por una vez en tu vida.

Entonces el tío terminó su sopa en silencio.

La cortina se movió hacia adentro impulsada por el aire aunque ninguno recordábamos haber dejado la ventana abierta.

Y a lo lejos se escuchó el sonido de una zambomba.

La abuela se levantó a recoger los platos y todos percibimos el olor del cordero haciéndose en el horno.

lunes, 16 de enero de 2023

Indicios

En la mansión el jefe grita con cólera y rompe con un bastón todo lo que tiene por delante. Hay un coche en la puerta, esperando una orden, para salir corriendo sin mirar atrás. El televisor, en voz baja, da la noticia de la incautación de un barco con varias toneladas de cocaína. Es el fin.

En el barco, Mateo examina las huellas y recoge indicios que guarda en una pequeña bolsa de plástico. Enguantado y con un mono incómodo, es fácil de reconocer como un miembro de la policía científica. El chivatazo era bueno, piensa. El sonido de los helicópteros sobre el puerto le hace retroceder. Busca un hueco y saca un teléfono móvil.

En la mansión, el jefe escucha una vibración sobre la mesa y se abalanza para leer el mensaje. “Pruebas controladas, no hay indicios”. En ese momento resopla y ordena al chófer guardar el auto. Llama al contable y le ordena hacer un abono en la cuenta de Mateo. Con discreción.

En la celda, sin embargo, todo son nervios. El capitán y el contramaestre tienen el agua al cuello y le han dicho al comisario que están dispuestos a declarar. Lo mismo han afirmado los otros dos tripulantes, aún no identificados. El inspector Mateo tiene pruebas que inculpan a todos, sólo hay que tirar del hilo y llegar hasta su jefe. Pero la noche es larga y la mañana demasiado corta. Todos han amanecido colgados por el cuello con una sábana atada alrededor. Remordimientos, dijeron. O miedo. También.

En la mansión, el jefe toma una copa satisfecho y hace balance de pérdidas. Necesita a alguien más y se pregunta si Mateo estará dispuesto a ofrecerle mayor cobertura. No importan más gastos superficiales mientras no vuelva a sentir la necesidad de salir corriendo de su casa.

lunes, 9 de enero de 2023

Brillo esmeralda

Mientras caminaba por el andén reconoció los ojos verdes de Almudena. No la veía desde el instituto, pero tantas noches en vela evocando los besos que nunca le dio, le ayudaron a rememorar aquel brillo esmeralda incluso desde el andén contrario. Levantó una mano tímida y ella frunció el ceño extrañada. Entonces llegó el tren, ella desapareció entre la gente y encontró un hueco junto a la ventanilla. Él la observó alejarse y, justo cuando iba a desaparecer, la vio abrir los ojos y regalarle una sonrisa. “Hasta siempre”, musitó. Y el sonido del tren llegando desde su izquierda apagó el eco de su garganta.

lunes, 5 de diciembre de 2022

Sigue buscando

El segundo volumen de su preciada colección de Dumas aparecía en la aplicación de productos de segunda mano a un módico precio. La habían llamado ya seis tipos, pero se decantó por el de la voz más profunda. Cuando le abrió la puerta de casa se encontró a señor calvo, bajito y sin bigote. Le invitó a pasar y le ofreció una copa ya servida. Cuando despertase en el sótano, sabría que no podría escapar de aquel If mientras ella tendría que seguir buscando a su Conde de Montecristo.

jueves, 1 de diciembre de 2022

El chico de la Amalia

Nunca resultó sencillo ser un bicho raro. De pequeño era el de los mareos y en un pueblo pequeño donde la maldad se mide en palabras, las conversaciones veladas giraban en torno a al chico de la Amalia que había heredado el mal del abuelo. El abuelo, que también se mareaba, murió una noche de frío después de tomar tres vinos y pasar la noche a la intemperie. Por ello, cuando empezaron los primeros síntomas, sus padres le llevaron a un rezandero. Cuando le pudo ver un médico ya tenía la glucosa por las nubes y la gangrena cercenando sus pies. Después de ser el de los mareos, pasó a ser el de la silla de ruedas. Pero no estaba dispuesto a que la diabetes y las lenguas viperinas le venciesen. Cuando consiguió la marca para correr la final de los Juegos Paralímpicos, todo el pueblo se congregó para ver correr al chico de la Amalia. Con la verbena preparada y los ecos de la última conversación telefónica aún en sus oídos, recibió la visita de su entrenador con la cara compungida. “No nos queda insulina”. Y él no sólo se acordó de las luces que engalanaban el pueblo y de la expectativa creada, sino que se acordó de aquellos que se burlaron de sus mareos y le señalaron mientras subía las cuestas del pueblo a golpe de brazo en una vieja silla de ruedas. Y se acordó de su abuelo. Si él murió en una calle solitaria y todo un pueblo seguía recordándole, que mejor manera de entrar en la historia de un país que jugarse la vida en la mayor competición del mundo. “No nos queda otra”, contestó. Y se preparó para salir a la pista y regalarle a sus vecinos la mayor fiesta jamás contada.

jueves, 17 de noviembre de 2022

El bueno de Juan

El bueno de Juan se quedó anoche cuadrando los balances. Siempre tan servicial, ni una mala cara pone por más que le chille a la cara o le haga quedarse hasta tarde. Aún no ha llegado, es raro, siempre es tan puntual. Bueno, le concederé diez minutos de cortesía. Hoy se los ha ganado. Mientras voy a mirar el saldo de mis cuentas en Panamá, como cada mañana. No puede ser. Están vacías, como la silla de Juan ¡Juan! ¿Alguien sabe dónde está Juan?