lunes, 29 de enero de 2024

La escopeta

 -      Y entonces salimos corriendo detrás de él con una palo en cada mano.

Antonio siempre ha tenido el don de captar la atención de las personas, es como un imán capaz de atraer miradas y conquistar oídos. En corro, las chicas del instituto, se arremolinaban a su alrededor viéndole contar la historia del día en que un extraño nos quiso abordar de noche en medio del bosque.

-         Este y yo. – Me señalaba. – Habíamos acampado en un lugar perfecto, junto al río y nos contábamos historias de miedo sentados junto a la hoguera.

Eso había sido hacía demasiados años, aunque temía que terminase contando el motivo por el que aún no lo habíamos olvidado. El resto de ex compañeros bebían cerveza y bailaban como patos bajo el cartel que anunciaba la reunión de antiguos alumnos.

-         Al principio creíamos que era un animal, pero era un hombre con una escopeta de caza.

Les contó que nos apuntó a la cabeza y nos pidió todo lo que lleváramos, aunque la verdad es que el tipo se había extraviado y tan sólo buscaba ayuda para salir de allí. Lo supimos después de haberle dado una paliza y amenazarle con su propia escopeta.

-   Cuando se dio cuenta de que estaba descargada salió corriendo y le perseguimos hasta que le vimos desaparecer. Fue la hostia ¿Verdad?

Es la primera vez que me mira en la última media hora.

-         Verdad. – Contesto complaciente.

Las chicas se dispersan por distintos lugares y Antonio se queda en un rincón recordando viejos tiempos con la mano metida bajo la falda de Andrea.

Es su manera de olvidar que, junto al río del bosque negro, hay un tipo enterrado a tres metros del suelo al que su familia dejó de buscar hace más de cinco años.

jueves, 18 de enero de 2024

Maldito Cupido

 -        Está buena ¿Verdad?

Un niño con voz de hombre, completamente vestido de blanco me mira de forma extraña.

-        Es inaccesible. – Contesto con desgana.

Ambos miramos a Lola. Apenas lleva dos días en la oficina y ya es la chica más popular.

-        ¿Y tú quién eres? – Pregunto.

-        Soy tu salvador.

Lleva un arco de juguete en el hombro y un carcaj con flechas colgado de la cintura. Parece que el Carnaval se ha adelantado este año.

Le ofrezco un cigarro y declina la oferta.

-        Aparte de fumar ¿Qué más te gusta? – Pregunta.

-        Correr, ir al teatro, la montaña y la comida oriental. – Contesto sin saber bien qué hago hablando con un tipo tan extraño en la puerta de un edificio de oficinas.

-        Y Lola. – Añade.

-        Sobre todo Lola.

Unos metros más allá, ella fuma otro cigarro y ríe en voz alta junto a las chicas del departamento de finanzas.

El niño pone una flecha en el arco y apunta hacia ellas. El proyectil desaparece en mitad de su trayectoria y dos segundos más tarde Lola me come con la mirada.

-        Deseo concedido. – Me dice.

La vemos acercarse.

-        Hola.

-        Hola

-        ¿Te apetece hacer algo este fin de semana?

-        ¿Quieres venir a correr? – Pregunto.

-        ¡Uy! Qué pereza.

-        Podemos ir al teatro.

-        Me aburre.

-        ¿Quizá un paseo por la montaña?

-        Me dan miedo los bichos.

-        Bueno, pues te invito a cenar a un japonés muy bueno que conozco.

-        ¡No! Me da asco el pescado crudo.

A mi lado, el pequeño lanzador de flechas sonríe complacido y se encoge de hombros. Yo pido auxilio con la mirada pero él se eleva unos metros del suelo después de desplegar dos alas diminutas.

- Lo siento, amigo, pero no admito devoluciones.

miércoles, 10 de enero de 2024

Transformación

Querido diario.

No sé por qué me he levantado más extraño de lo normal. Podría decir que es resaca, pero la fiesta de anoche no se alargó más de lo acordado. Aun así, siento una sed inmensa y la cabeza me da vueltas como una peonza. Por más que trato de recordar no encuentro el momento exacto en el que me fui a la cama y eso que no bebí más que un par de cervezas.

Lo último que recuerdo fue la visita de los dos hombres extraños que pasaron sin llamar y comenzaron a arrasar con todo. Entre todos los disfraces de la fiesta de Halloween los suyos eran, sin duda, los más trabajados. Empezaron a echar espuma por la boca y la gente comenzó a reír. Fue divertido. El horror comenzó cuando uno de ellos agarró a una chica y le devoró el cuello. Entonces todo el mundo empezó a correr.

Creo que a mí no me dio tiempo a escapar. Uno de los tipos me abrazó fuerte y no tardé mucho tiempo en sentirme dentro de un extraño letargo. Sigo teniendo sed, pero el agua no sacia mi boca seca. Me sigue dando vueltas la cabeza, pero no hay descanso que apague mi desazón.

Parece que las cervezas me dieron poder, que no necesito seguir escribiendo una vida tediosa sobre un simple papel en blanco y que, a partir de hoy, hablaré en voz alta. O pensaré, porque tampoco soy capaz de articular una sola palabra inteligible más allá de estos extraños sonidos guturales.

No sé por qué me mira así mi vecina. Yo en el espejo no me he visto tan mal, y total, después de tantos años pidiéndole sal, ya era hora de llamar a su puerta para pedirle un poco de carne fresca.

martes, 9 de enero de 2024

El legajo

Nunca me ha gustado comer en el vagón restaurante. Demasiado silencio para tan poca solemnidad y demasiado vaivén para mis deseos de tranquilidad. Pero la misión me ha llevado a viajar en tren y he de vigilar con detalle a la señora Friedrich. Ella es quien porta el manuscrito y yo he conseguir que llegue a buen destino pese a que no se separa ni un solo segundo de su maletín.

La boca aún me sabe a los besos de Rachel. Fue una casualidad encontrarla en el andén y una causalidad que terminase retozando conmigo en el coche cama. La perdí de vista cuando me desperté, pero confío en que se haya quedado con ganas de más y esta noche vuelva a golpear en mi puerta.

La señora Friedrich devora el faisán en salsa y yo mastico despacio mientras controlo el maletín e intento estar atento a cualquier movimiento sospechoso. Hay una joven de pie junto a ella. Hablan afablemente aunque no recuerdo haberla visto antes hablar con nadie. Los informes no decían nada de hijas, sobrinas, ni jóvenes conocidas. Lleva la cabeza cubierta con un pañuelo y, de espaldas, no soy capaz de identificarla.

En un descuido, cuando se ha ganado la confianza de la señora Friedrich, ha deslizado su mano hacia el maletín y ha extraído el manuscrito como quien saca un dólar de su billetera. Así de fácil. Con un rápido juego de manos, cambia el legajo de posición, desde la espalda hasta el pecho y se despide cortésmente.

Cuando pasa junto a mí, abrazada a los papeles, me dedica una sonrisa y me guiña un ojo. No me hace falta más para reconocerla. Es Rachel. Con que esas tenemos. Yo también sonrío. Parece que el trabajo va a ser aún más divertido de lo que esperaba.

miércoles, 3 de enero de 2024

Escurridiza

“A mí me parecen manchas de rotulador”, decía Juanito relamiéndose los labios mientras su madre señalaba hacia el sofá, su hermana pintaba sobre un cuaderno y su padre buscaba como loco por la casa la lagartija iberolacerta que debía llevar al laboratorio. “No entiendo cómo ha podido escaparse”.

jueves, 26 de octubre de 2023

El código

Un violento golpe en la puerta me hace regresar a la realidad. Sé que debo actuar con normalidad si no quiero verme de bruces en un calabozo o, lo que es peor, con un tiro en la nuca tirado en una cuneta.

Hace menos de un año que el partido Nacionalsocialista ganó las elecciones y desde entonces no ha parado la caza de brujas contra aquellos que defendimos con uñas y dientes la República de Weimar. Sé que el abuelo, cuyo retrato adorna la pared principal del salón, estaría orgulloso de mi resistencia.

El oficial es alto, rubio e imponente. Todo un ejemplo de raza aria al servicio de la Gestapo. Sus modales no son los más educados así como tampoco lo son sus palabras.

-        ¿Dónde están los documentos?

Me encojo de hombros y les hago saber qué no sé de qué me están hablando. Aun así, no puedo evitar un golpe que me rompe la nariz y me tira al suelo de costado.

Ponen la casa patas arriba. Allí no hay nadie, ni nada que pueda comprometerme, a no ser que sean lo suficientemente listos de descifrar el código que cuelga en la pared.

-        Aquí no hay nada, señor. – Se lamenta el subordinado.

Nada impide que pase tres noches en una fría celda con la única compañía de un par de ratas hambrientas que se comen las sobras de un almuerzo rancio que me ofrecen tras una trampilla.

Cuando regreso, famélico y dolorido, descuelgo el cuadro del abuelo, vestido con su uniforme del ejército prusiano y sus números de identificación cosidos en un bolsillo sobre el pecho.

23-14-18-96.

La combinación de la caja fuerte escondida en la vieja granja familiar donde sigo guardando esos viejos papeles que ponen en solfa el tan vitoreado Tercer Reich.

jueves, 31 de agosto de 2023

María

Miedo. María camina insegura por el pasillo mientras decenas de miradas se clavan en ella. “Es la nueva”, susurran. “Menudo caramelito”, se mofan. “Esta no dura ni dos días”, sentencian.

Ansiedad. Animada tras saber que había conseguido una plaza en un colegio de la ciudad, los augurios se habían tornado en oscuros tras conocer que se trataba del centro más conflictivo de la provincia. Lloró durante un rato y se mantuvo despierta durante toda la noche. Sus manos temblaron mientras se abotonaba la blusa y sus labios caían en picado cada vez que intentaba ensayar una sonrisa.

Ruido. Ruge tal marabunta por los pasillos que se siente paralizada. Se obliga a respirar hondo y busca una mirada cómplice que le ayude a sobrellevar el pánico. Los profesores, supuestos compañeros, bajan la vista al suelo, resoplan y mascullan palabras que nunca salen de su boca. “Dios te bendiga”. Sólo unos ojos negros parecen apiadarse de ella y cuando quiere volver a encontrarlos se han perdido tras la esquina que lleva hasta su clase.

Incertidumbre. Intenta tomar aire mientras deja los libros sobre la mesa y se prepara para el gran momento. El ruido es ensordecedor y se ve obligada a forzar la voz para saludarles ¡Buenos días! El gallo nacido de su garganta provoca la risa general y, tras unos segundos de alboroto, todos ocupan su sitio y la observan con malicia.

Ánimo. Antes de decir su nombre repasa todos los gestos. “Me llamo María y seré vuestra profesora de ciencias”. Un bolígrafo daña su frente y un insulto daña su orgullo. Antes de salir corriendo vuelve a encontrarse con unos ojos negros que piden auxilio a gritos. Sin saber cómo ni porqué, sabe que acaba de encontrar un motivo para seguir sobreviviendo en aquella jungla de hormigón y almas impías.

jueves, 3 de agosto de 2023

Mejor sabio que soldado

-        La gente piensa que pelear es difícil, pero lo realmente complicado es cambiar la mentalidad de un país. Para pelear solamente hace falta estar loco y carecer de temores, pero para convencer a alguien no sólo se requiere cordura sino que se necesita seguridad en uno mismo y, sobre todo, la autoridad moral suficiente como para convertirte en un líder.

Papá hablaba pausado mientras nosotros devorábamos el postre y le escuchábamos ensimismados. Habíamos quedado en el restaurante para celebrar su jubilación como empleado en la fábrica de motores.

-        Conocí a Martin en el sesenta y cuatro. Desde aquel “He tenido un sueño” tan sólo soñaba con estar a su lado. Era tan bruto que no tardé en llamar su atención. Me adoptó como compañero y me reconstruyó hasta convertirme en un "pequeño sabio". Así me llamaba. "Siempre mejor un sabio que un soldado", me solía repetir.

La camarera acudió para ponernos más café y él aceptó con una sonrisa antes de continuar.

-        Había sufrido tantas amenazas de muerte que yo le aconsejé no ir a Memphis en aquel jueves de abril. “Si te matan”, le dije “todo lo que has hecho no habrá valido de nada”. Y él me contestó algo que aún vibra en mis oídos: “Cuando me maten, será cuando todo esto servirá para algo”.

Nos volvió a mirar a todos y se excusó un momento.

-        Tengo que ir al baño.

Sus tres hijos; un médico, un abogado y un ingeniero, le miramos con admiración.

-        Estoy orgulloso de vosotros.

Ante la puerta del aseo un señor de raza blanca le cedió paso, esbozó una sonrisa y entró tras él.

    - Y nosotros de ti, papá. – Contestamos casi al unísono antes de dar un último sorbo a la taza de café.

martes, 20 de junio de 2023

Manolo

En el congelador hay Manolo para rato y yo tendré que seguir diciéndoles que a Manolo lo vendió el abuelo por cuatro duros a un viajante de ganado y después le volveré a regañar y le diré que a qué viene esa manía suya de ponerle nombre a los animales sabiendo cómo se encariñan los niños con ellos.

jueves, 25 de mayo de 2023

Perfecta

Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo. Ya me han dicho tantas veces que me parezco a su madre que empiezo a temer el correr la misma suerte que ella ¿Dónde está? Les pregunté un día. Era tan perfecta que desapareció. Y siguieron viendo la tele como si tal cosa. Y yo probándome sus vestidos, imitando los peinados y ensayando la sonrisa de las fotos. Cada vez sonríen de manera más forzada. La tortilla de patatas está igual que la que hizo mamá el día antes de marcharse, han dicho. Mañana la repetiré con azúcar.