Va a ser difícil, pero más
difícil parecía poder superar las lesiones y aquí estamos, codo con codo con
los más grandes, después de ganar mi serie de semifinal y dispuesto a luchar
por todo. Me encuentro bien. Si acaso un poco dolorido, pero es normal, el
esfuerzo, el límite, la élite. Es lo que tiene. No he de despegarme de los
británicos, ellos tienen la carrera en la cabeza y yo la tengo en el corazón.
Sé que si voy con ellos voy a subir al podio ¿Al lugar más alto? Nunca se sabe.
El sudanés Khalifa ha puesto el
listón alto. Se está corriendo rápido, va a costar. Pero me encuentro bien,
puedo seguirle, incluso desde el tercer lugar. He corrido muchas veces y sé que
mi estrategia de estar pendiente, en los puestos de arriba, es la correcta. He
sido plata europea y bronce después, recordman de España y campeón en mi
tierra, pero esto es el cénit. El cielo angelino es azul, la oportunidad es
inmejorable y la calidad de los hombres que me siguen es insuperable. Ganar
esto me llevaría a la cima.
No entiendo que hace Scott, con
el final tan bueno que tiene, tomando las riendas de la carrera. Quedan más de
dos vueltas ¿Qué hace? Claro, la está ralentizando, necesita que se corra más
despacio para que él tenga opciones en el final. No lo puedo consentir,
necesito mi premio, me merezco mi medalla. He luchado más que nadie contras las
adversidades y he sufrido más que nadie para estar aquí. Me pongo delante y
corro como llevo haciéndolo desde que era sólo un niño, con pasión, con
firmeza, con los dientes apretados y quien pueda seguirme, que lo haga.
Y lo siento por quien no pueda,
pero no puedo permitirme el lujo de ser sentimental, aquí se corre deprisa,
quedan dos vueltas y necesito quitarme de encima a estas moscas británicas que
no dejan de posarse sobre mi plato de sopa. Qué buenos son los tíos. No me
queda otra que seguir corriendo y corriendo y corriendo. Como lo he hecho
tantas veces, como me ha dado tan buen resultado cada vez que he tenido pasión
y no he tenido miedo.
Ding, dong. Última vuelta. Si algo me da miedo son los tres británicos.
Son los mejores del planeta, quizá los mejores de la historia, y contra ellos
he de jugarme las lentejas en la mejor carrera del mundo. Aprieto, lo doy todo,
me quiero marchar, pero no lo hago. Espera. Ovett se ha parado ¡Ovett se ha
parado! Sigue, Jose, sigue así. Vas bien. Contrarrecta, penúltima curva. Allá
va Coe. Qué elegancia, qué fuerza, qué sabiduría. No puedo. Tampoco con Cramm.
Pero no te despistes, detrás tienes a Chesire exigiéndote. Aguanta, Jose,
puedes ser tercero. Siento el aliento de Chesire tras la nuca. No puedo más. Me
va a alcanzar. Corre, Jose, corre. Has nacido para correr. La meta, sí, la
línea. Mírala. Abro los brazos, clamo al cielo, sonrío. Nadie es más feliz que
yo. Quien lo iba a imaginar. El españolito, el cántabro del Pas. Sin medios,
sin formación, sin información, sin seguimiento. Aquí estás. En el podio de los
Juegos Olímpicos. Disfruta tu hazaña. Te lo has ganado.