Balones de oro: Kevin Keegan
Hace 1 semana
Palabras y pequeñas historias
Los zapatos vacíos llenaban uno de los armarios de la habitación. A Elsa le gustaba jugar con ellos;
soltaba su pelo, hacía aspavientos y taconeaba por el salón ante la sonrisa amarga de su padre.-
Mira, papá. Soy
mamá.
El pelo dorado, los ojos azules, los dientes blancos y alineados.
- Desgraciadamente, eres igual que ella. – Susurraba entre dientes mientras apuraba cigarros y lágrimas.
Había pedido a los Reyes que le devolvieran a su
papá, igual que los cinco años anteriores. Él escribía la carta y mamá le
prometía echarla al buzón. Cada seis de enero despertaba con ilusión y se
acostaba con resignación. Otro año más, los Reyes no habían leído su carta.
Otro año más, un puñado de papeles rotos viajaban de basura en basura mientras
mamá seguía despertando con ilusión y acostándose con satisfacción.
Sufriendo lo indecible por amor la vi pasar a la iglesia vestida de
ceremonia. Sabiendo que tras la pregunta, vendría una respuesta sin vuelta
atrás, preferí cerrar los ojos y guardar la imagen de sus ojos llorosos mirando
hacia el altar “¿Aceptas el sacramento del matrimonio?” Preguntó el cura. “Sí”,
contesté yo, sabiendo que mataba dos vidas por no matar una sola.