Temblamos cuando vimos sus manos sujetando aquel palo tan largo, cuando le vimos caminar de puntillas, sigiloso, mirando hacia el frente, cuando giró sobre sí mismo y reinició la maniobra. Temblamos porque nos temimos lo peor. Pero entonces se encendió la luz, el funambulista levantó los brazos y el silencio se convirtió en una tormenta de aplausos.
La tierra prometida
Hace 4 semanas
No hay comentarios:
Publicar un comentario