Balones de oro: Kevin Keegan
Hace 1 día
Palabras y pequeñas historias
Sufriendo lo indecible por amor la vi pasar a la iglesia vestida de
ceremonia. Sabiendo que tras la pregunta, vendría una respuesta sin vuelta
atrás, preferí cerrar los ojos y guardar la imagen de sus ojos llorosos mirando
hacia el altar “¿Aceptas el sacramento del matrimonio?” Preguntó el cura. “Sí”,
contesté yo, sabiendo que mataba dos vidas por no matar una sola.
Hoy tampoco encontré
trabajo a pesar de que hice todos mis esfuerzos por parecer una persona normal.
Dicen que mi currículum es excelente pero mi actitud es mejorable. He tenido
otro par de entrevistas y no he podido evitar los chistes malos. Uno me lo puso
a huevo con el cinco y el otro con el teto. De vuelta a casa me río sólo. Witzelsucht lo
llaman. Se lo intento explicar al ladrón que me asalta por la espalda y me pide
que levante las palmas. “Equis”, le digo. No sé si me duele más la navaja en
las costillas o no llegar a tiempo para contar aquello de que eran dos y se
cayó el del medio.
No podía dejar de llorar mientras miraba por la ventana el reflejo del
chico hundiéndose en el mar mientras la chica no le dejaba un hueco en la tabla
de madera. Físicamente era posible, argumentalmente era imposible. El cine.
Había visto la película veintiocho veces y nunca había llorado hasta el día que
entendió que incluso la vida es un guión. Le vio marcharse calle abajo,
arrastrando una maleta. Ambos podrían haber seguido cabiendo en la misma casa.
Físicamente era posible, argumentalmente era imposible.