Balones de oro: Kevin Keegan
Hace 1 semana
Palabras y pequeñas historias
El sueño era una calle ancha con coches aparcados, era un semáforo en verde y una cafetería en la esquina, era un paso de cebra agarrados de la mano, era una acera pintada de azul que se reflejaba en el cielo. El sueño era una beso a media tarde junto a una puerta giratoria, era girar en círculo hacia un enorme salón, era una habitación blanca y una piel desnuda. El sueño eras tú y era yo amándonos en silencio mientras nuestras cabezas gritaban como locas.
Hace tiempo que no me paso por casa de mis padres. Entre tanto trabajo y tan poco tiempo libre dedicado al ocio, al final me he convertido en un despegado. Mi madre me ha dicho que ha hecho croquetas y como sabe que por el estómago se me conquista antes que por el oído, me he convencido de acercarme a casa para pasar la tarde con ellos.
Claudia siempre pide un café con leche fría y una tostada con tomate rallado y no triturado. Mientras mastica en silencio va mirando el móvil esperando un mensaje que nunca llega. Tiene el pelo alborotado, los ojos tristes y media sonrisa en los labios. Quizá evoca un recuerdo. Quizá piensa que aún es posible.
- Toda una vida, porque nunca se olvida del todo. Las heridas, dicen, las cicatriza el tiempo. Pero lo que realmente hace el tiempo es ayudarte a vivir, porque siempre habrá algo que te entretenga. Mientras lo hagas, el vacío seguirá allí, aunque tapado por hojas y ramas secas, esperando a que jamás vuelvas a pisarlas.
No entiendo esa necesidad de conquista que tienen estos hombres. Si al final siempre llegan allí, cortan unas cuantas cabezas, arramplan con todo lo que brilla, se beben toda la cerveza y abusan de varias mujeres para dejarlas encintas de hijos que jamás volverán a ver. Deberían ser más prácticos; trabajar su tierra, fortificar sus ciudades y dejar de adorar de una vez a todos esos dioses que nos les incitan más que a la guerra y el infortunio ¿Acaso creen de verdad que un Dios se sentará con ellos a brindar? Pobres descreídos. Yo les traigo un nuevo razonamiento; culto, castidad, trabajo y silencio. Y sangre, si no son capaces de aceptarlo. Así ya acabamos con Roma y con todos los bárbaros que la invadieron. Así acabaremos también con estos vikingos y seguiremos terminando con el mundo hasta que esas tierras del este sepan, de verdad, quien es su verdadero Dios.
Le asqueaba tener que ir a casa de sus suegros y compartir sofá con el perro. Le asqueaba ir paseando por el parque mientras se veía obligado a esquivar heces. Le asqueaba ver como su cuñada compartía lametones con el can y luego pretendía saludarle con dos efusivos besos. Le asqueaba comprobar como la gente no se lavaba las manos después de acariciar al chucho. Mucho animal para tan poco espacio, solía decir. Mucha esclavitud para tan poca recompensa, afirmaba. Pero el día que se perdió en la montaña y comprobó como un perro llegaba el primero para dar la voz de alarma, se sintió el hombre más afortunado del mundo. Vivir ya no le asqueaba tanto.
Ser un superhéroe está sobrevalorado. Todo el mundo te viene con el cuento de lo que tengo que ligar y todo lo que puedo conseguir. Que si me puedo ir volando a Sudamérica en un plis plas, que si puedo abrir cualquier puerta, que si puedo levantar cualquier obstáculo. Sí, eso está muy bien, y la recompensa moral mola, no lo voy a negar, pero todo el día de aquí para allá cansa un huevo y eso nadie lo tiene en cuenta. Tengo a la mujer abandonada y se me ha echado un amante, dice que está harta de los polvos exprés y los viajes de ida y vuelta en el mismo día. Y los hijos ¿Qué? Que no voy a verlos a jugar al fútbol, que no les ayudo con los deberes, que les leo los libros demasiado rápido. Me han puesto las maletas en la puerta de casa y encima no puedo decirles que no tienen razón. Muy bonito eso de salvar vidas, sí, pero por salvar las demás me he cargado la mía.