martes, 15 de junio de 2021

Viaje

Que vengan por fin a rescatarte de este paraíso artificial donde la aguja es le montura de un caballo que te transporta a un mundo inexistente. Porque mientras galopas y esa sonrisa que se dibuja en tu cara se convierte en un cuadro abstracto, sabes de sobra que el viaje terminará en una caída y al final del abismo seguirá sin haber nadie porque yo ya me he cansado de tener tendida mi lona. Buena suerte y espérame muchos años en el otro paraíso al que no tardarás en llegar.

miércoles, 2 de junio de 2021

Viaje al infierno

La frondosidad del bosque era tan espesa que no sólo era difícil caminar, también lo era respirar, también lo era caminar con la boca abierta porque los insectos, mosquitos gigantes en su mayoría, se metían hasta la garganta produciendo exageradas toses y arcadas intempestivas. Muchos de ellos enfermaban y la mayoría de los que lo hacían, terminaban muriendo entre convulsiones y gestos de dolor espasmódico. El párroco, reclutado por la expedición para cumplir con el cupo y poder contar con la cuota de fe necesaria, no daba abasto a la hora de repartir unciones y prometer a los moribundos una vida mejor en el más allá. Porque allí, donde Dios se había olvidado de sus súbditos, no habían encontrado ni la paz ni las riquezas que la corona les había prometido. Jugaban a conquistar el nuevo mundo, pero el nuevo mundo les estaba conquistando a ellos, uno por uno. Cortés, el gran cacique al que todos buscaban para encontrar el lugar donde picar el pendón, aún estaba lejos y, mientras seguían buscando orientación por un sol que se ocultaba entre las ramas, sentían como el desánimo se hacía dueño de la tropa y el capitán tenía que recurrir a la voz de mando e incluso a la cuchillada vespertina. Nadie podía salirse del redil, si había Dios, allí les encontraría. Pero Dios no estaba y los únicos que les encontraron fueron los nativos que, cerbatana en mano y puntería en el ojo, iban terminando con ellos uno por uno. Así hasta que el capitán también hincó la rodilla y sólo quedó el sacerdote quien, brazos en cruz y crucifijo visible sobre el pecho, imploró una piedad que sólo llegó en forma de tajo sobre la nuca. Aunque siempre quiso creer que Dios le daría un paraíso más allá de la tierra, supo que, para siempre, había sido esclavo de un infierno del que no supo predicar una manera de salir.

lunes, 24 de mayo de 2021

Loca

Tenía los ojos sombríos; una mancha gris, cincelada por el llanto, la amargura y la soledad, cubría sus cuencas vacías de vida. Jugaba a olvidar, más no era capaz de borrar de su memoria aquellas imágenes de vida plena. Jugaba a volver a ser y no era más que una tiniebla borrosa en la mirada que el pasado le devolvía cada amanecer. Despertaba temprano, harta de soñar imposibles y, con el pelo alborotado y la boca seca, se lanzaba a la calle para agotar su alma y dejar que el esfuerzo pidiese árnica a su desolación. Apenas vestía elegante y las zapatillas se hacían viejas a medida que el tiempo ajaba su rostro y los días confluían sobre sus improbabilidades. Cada mediodía, mientras regresaba en silencio a casa y la lágrima puntual cantaba las alabanzas del ángelus sobre su rostro arrugado, escuchaba la radio del vecino en sintonía con el tiempo y en ángulo recto sobre su estado de ánimo. Aquel día, como otros, mientras la melancolía volvía a torcer su gesto y las miradas volvían a posarse sobre sus hombros, José Luis Perales, devolvía su voz al aire y describía los designios ante el silencio y el rubor. “Y los muchachos del barrio la llamaban loca”. Sonreía, callaba, volvía a respirar e intentaba volver a sonreír más la tristeza impedía volver a contornear sus labios. “Estuve loca ayer, pero fue por amor”.

lunes, 17 de mayo de 2021

David

Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce, yo estiro con mis dedos los pliegues de tu vestimenta. Mientras tus ojos acerados miran al cielo, yo desenfundo el antifaz que te hará dejar de creer en mentiras. Mientras el suelo tiembla bajo tus pies cincelados, yo seguiré uniendo tus piernas al pedestal porque, atónito ante los sucesos, ha de conocerte la humanidad. Mientras sigo observando la piedra y el pequeño de los Uffizi sigue incordiando, yo pienso en el golpe de maza que hará que todo termine. Creo que es mejor descargar mi frustración en David. Así se llama mi piedra.

miércoles, 5 de mayo de 2021

El más fuerte

Si los pájaros te miran extrañados, enséñales la pistola. Si los mosquitos te buscan de noche, rocíalos de insecticida. Si los gatos se apoyan en tu alféizar, echa veneno en la leche. Si los perros llegan hasta tu puerta, llena de alfileres el trozo de carne. Pero, sobre todo, si tus amigos te piden un favor, déjales bien claro, con paladas de tierra, que sólo existe un rey en esta jungla de asfalto.

martes, 20 de abril de 2021

Un paso adelante

Lo de los panfletos y las proclamas está muy bien. Joder, lo de montar gresca mola bastante; te tapas la cara, quemas unas cuantas papeleras y provocas a los maderos para jugar a los encierros con ellos. Ole, ole y ole. Pero lo de la pistola ya es otra historia. Que sí, que ir al monte a probar la puntería con cuatro latas viejas es mazo divertido, pero lo de ir con ella en la cintura, esperando a que un tipo que no conoces salga de su casa para descerrajarle dos tiros en la nuca, pues mira, eso como que no. Así que les digo que si quieren sigo montando jaleo, quemando papeleras y jugando a los sanfermines con esos toros cuyos cuernos tiene forma de porra de caucho, pero que lo de matar, pues que quieres que te diga, que mejor se lo dejo al Cojo, que nunca ha sido mucho de ir a manifas pero lo de matar pajarillos con la escopeta de perdigones se le daba de puta madre. Seguro que lo entienden, hombre. Aunque por esa cara que me pone el jefe cuando me pide que le devuelva el arma, mira tú, no estoy yo muy seguro del todo.

martes, 6 de abril de 2021

Adrenalina

Se escucha ese «pi» infinito, tan irracional, tan interminable, tan frustrante. Tan de radiotransmisor estropeado. Desconozco las distancias, desconozco los tiempos. Los oídos son un cuartel de infantería en pleno desfile, pero lo peor está en la cabeza, allí retumban tambores y sobrevienen huracanes. La velocidad, constante y adecuada, consigue que algunos de mis sentidos sigan entregados a la misión. La vista al frente, la lengua seca y el aire comprimido a punto de liquidarme. Sólo cuando consigo adelantar al último coche siento como la piel se me eriza por completo.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Últimas voluntades

Le pido que haga todo lo posible por mantener con vida a mi marido un poco más y él me muestra la tabla de tarifas colgada en una pared de la sala ¿Cuánto necesita? Un día, cien monedas. Una semana, quinientas. Un mes, mil seiscientas. Un año, diez mil. Saco del bolso un papel de últimas voluntades y pongo en la mano de mi marido un bolígrafo y en la del médico una moneda. Será breve, no se preocupe.

miércoles, 10 de marzo de 2021

El último disparo

Le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa mientras cargo el revólver y mastico el tabaco. Él sigue todo con la mirada; el suelo, las espuelas, la ventana y el revólver. Incluso la soga que rodea sus brazos y la mordaza que puse en su boca cuando me suplicó. Espero tras el cristal mientras el casco de los caballos llena de polvo la aldea. Disparo tres veces y escucho tres golpes secos. Cuando veo sus lágrimas sé que el cuarto disparo, ese que aún no ha salido por el cañón, es el que ha dado en el blanco.

martes, 2 de marzo de 2021

Nueve minutos

No hay tiempo que perder, los guantes están bien calzados, los músculos tensos, la mirada fija en algún punto entre el techo y la pared. El pabellón está lleno, el espectáculo garantizado y millones de personas que han pagado para ver el combate devoran sus snacks frente al televisor. El oponente está en el ring y el futuro está en el aire. El dinero está invertido. Fuera hay un coche con una maleta llena y una rubia al volante. “Recuerda caer al suelo en el tercer asalto”. Debe hacerlo sin que se note demasiado. Gong. Tiene nueve minutos para pensarlo.